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Friday, May 27, 2016

Noche de viernes

Ciudad de México
Viernes, 22:35 Hrs.

Abordo de una unidad de transporte público, Jorge platica con su acompañante acerca de un proyecto interesante que está a punto de concretarse en su trabajo. Raúl, su hermano, es aquel acompañante que escucha a Jorge hablar con emoción y nervio al mismo tiempo sobre lo que puede suceder en unos días.

Con el cansancio de la semana y con lo pesado que se ha hecho el trayecto a casa gracias al tráfico habitual de los días viernes, en algun momento Jorge dice "buenas noches" mientras decide tomar una siesta en los minutos que faltan para llegar a su destino. Algunos minutos después, a Jorge lo despiertan unas voces que hablan a gritos, al abrir los ojos y ver hacia el frente del autobús nota la figura de un sujeto que con una pistola en la mano es quien grita dirigiéndose a los pasajeros al tiempo que otro sujeto pasa por el pasillo rozándolo exigiendo a todos que le entreguen carteras y teléfonos.

Jorge y Raúl se voltean a ver mientras parecen ponerse de acuerdo en silencio, lo mejor es entregar lo que se les pide y no tener un problema mayor con los asaltantes que durante un par de minutos se apoderaron de la unidad en la que viajaban. Jorge murmura dirigiéndose a su hermano "Ni modo".

Segundos después, los dos asaltantes bajan del autobús habiendo despojado de sus pertenencias a todos los pasajeros, excepto a los hermanos. De inmediato la histeria se apodera de los pasajeros que han sido robados y por ello éstos comienzan a especular sobre una posible complicidad entre el operador del autobús y los asaltantes.

El operador, un joven de apenas 25 años de edad accede a detenerse en cuanto una patrulla está a la vista, lo hace y de inmediato algunos pasajeros bajan de la unidad para pedir el apoyo de los policías que se encontraban en el lugar. Uno de ellos sube al autobús y comienza a hacer algunas preguntas de rutina, toma los datos del operador e informa a los pasajeros que si desean levantar un acta esa situación tomará varias horas.

Todos los pasajeros están de acuerdo en que el operador puede ser cómplice del robo, exceptuando a Raúl y Jorge. Este último levanta la voz y le explica al policía lo sucedido, y lo absurdo que le parece que intenten culpar a alguien que solamente está cumpliendo con su trabajo. Explica que ni a él, ni a su hermano les quitaron objeto alguno y que no por esa podrían ser señalados también como sospechosos.

Ante los reclamos de algún pasajero, Jorge no tiene en problema en decirle frente a todos el por qué su argumento en contra del operador es absurdo. Aquel exaltado pasajero argumentaba que en cuanto le habían hecho la parada para abordar el autobús, el operador se había detenido, a lo que Jorge le dijo que era claro que se debía detener porque ese era su trabajo. El policía decidió terminar con la discusión que parecía subir de tono y dijo que se iba a proceder acorde a las normas establecidas, y que si alguien no estaba de acuerdo con presentarse a levantar una acta por los hechos descendiera de la unidad y se retirara del lugar.

Jorge y Raúl fueron los primeros en bajar de la unidad y con sorpresa notaron que no fueron los únicos ya que por lo menos la mitad de aquellas personas que estaban dispuestas a ir al Ministerio Público a levantar una acta también descendieron. Sabiendo que el trámite duraría varias horas los hermanos decidieron tomar un taxi e ir a casa platicando todavía de los que para ambos eran argumentos sin sentido en busca de encontrar a un culpable que seguramente no tenía nada que ver.

Ciudad de México
Lunes, 22:17 Hrs.

Sin saber con certeza que era lo que había ocurrido la noche del viernes después de que ellos se fueron a casa, tres noches después, el lunes, tomando el mismo camino rumbo a casa, Raúl y Jorge abordaron la misma unidad del viernes, el operador era el mismo también y en los minutos en los que el autobús comienza a llenarse en su base, Jorge decide preguntarle al operador sobre lo que sucedió cuando él y los pasajeros fueron llevados al Ministerio Público.

El conductor le comienza a platicar a detalle lo sucedido en aquella agencia sin mayor problema, ahí y sin delito que perseguir, tanto los pasajeros como él fueron presentados únicamente como testigos en la investigación y después de casi cuatro horas pudieron retirarse a sus hogares. La mujer que comenzó con las acusaciones en contra del operador se disculpó con él argumentando que en ningún momento quiso perjudicarlo, en una disculpa que mas allá de la sinceridad que pudiera llevar, a Jorge y a Raúl no les parecía fuera válida

Al arrancar el autobús y salir éste hacia su destino, los hermanos solo comentaron entre ellos que esperaban que su teoría sobre la inocencia del operador fuera correcta, esperando que no volvieran a aparecer en el camino a casa ese par de asaltantes de días anteriores. Por fortuna, éstos no aparecieron.

Tuesday, April 5, 2016

Carta No. 56 (Dos años después)

Hacía mucho tiempo que quería escribirte una nueva carta ya que desde la última hasta este momento han pasado muchas cosas en nuestras vidas. Cosas que quizá por azares del destino ya no nos tocó compartir pero que hubiera sido maravilloso que hubiéramos tenido oportunidad de hacerlo.

Tenía mucho queriendo tomar papel y pluma para escribirte y hoy este espacio es mi papel, y mi teclado es la pluma con la que quisiera decirte tantas cosas que me han y que nos han pasado.

¿En que momento dejé de ser aquel tipo que te hacía sonreír?. La verdad no lo sé, y tampoco espero una respuesta porque de antemano sé, no la recibiré. Sé que me equivoqué muchas veces y que a la fecha continúo haciéndolo, sé que ambos nos equivocamos y creo que cada uno sabe exactamente en que falló.

Ha pasado el tiempo, mucho me parece desde aquella última vez que te ví y que tomé tus manos entre las mías. No sé que va a pasar con nosotros o siquiera si habrá un 'nosotros' en el futuro. A veces me siento optimista en cuanto a lo que podría venir y otras tantas siento que la palabra 'futuro' no debiera ser parte de mi vocabulario, al menos no cuando me refiero a ti.

No sé bien a bien que faltó o que sobró. Tampoco sé cuantas cartas te escribí, ni actualmente donde están, si aún existen o si han sido releídas alguna vez. Lo único de lo que puedo estar seguro es que el contenido de ellas y todo lo que expresé ahí muy difícilmente podría haber cambiado.

A veces pienso que soy yo el que ha cambiado y quizá me gusta pensar que lo he hecho y que ahora soy una versión mejorada del que fui alguna vez, sin embargo, constantemente creo que estoy lejos de haber cambiado para bien y supongo que por ello dejé de provocar sonrisas en ti.

Me gustaría tener una máquina del tiempo para corregir todo lo que hice mal y todas las malas reacciones que solamente un tipo tan impulsivo como soy puede tener. Lamentablemente no se puede retroceder en el tiempo, ni ponerle pausa para que no siga transcurriendo.

Tristemente el tiempo no regresa y pase lo que pase nunca se podrá recuperar ni un solo minuto, ninguno de los días transcurridos desde que dijiste adiós.

Justo ahora quisiera estar de pie a tu lado, ver tu expresión al leer estas líneas y darme cuenta de lo que ocurre de tu lado del papel. Saber si hay algo, si sonríes, saber si tu mirada refleja lo mismo que la mía, o bien, si en este momento debería darme cuenta de que sencillamente ya no hay nada y nada te importa.

Podría seguir 'hablándote' pero no sé si en este momento este hipotético pedazo de papel continúa intacto o si es parte ya de la basura en algún cesto.

Desconozco si llegaste hasta aquí y lo único que puedo decir es que te extraño como no tienes idea y como yo no tenía idea que se podía extrañar.

Friday, January 29, 2016

"Eso es vida"

Viernes, 5:40 A.M.
Después de bañarse y aún sin poder abrir los ojos en su totalidad, Arturo se alista para salir a un día más al trabajo.

Las constantes desveladas y el haber despertado a las 5 de la mañana durante los 4 días previos hacen que el cansancio acumulado no lo deje despertar del todo con facilidad.

Poco a poco, y como su rutina diaria le indica, va tomando todas y cada una de las cosas que tiene que llevar consigo, de igual forma hace lo mismo que hace todos los días en cuanto a su aspecto personal se refiere. Se rasura esperando hacerlo bien mientras intenta despejar la vista sin mucho éxito.

Cuando pasa por la sala para dirigirse a la puerta que lo llevará a la calle, Arturo no puede dejar de notar a aquel gato que duerme plácidamente en su misma silla cada noche. Si, aquel gato que ni siquiera se percata de su presencia y que está literalmente en los huesos pero que se alimenta mejor que cualquier gato que haya visto o tenido antes, no en vano hacía mucho tiempo que se olvidó de llamarle por su nombre para solamente dirigirse a él como 'flaco'.

La mirada de Arturo denota sentimientos encontrados, mira a su gato con una mezcla entre ternura y envidia. Ese gato que descansa y que por su expresión parece estar soñando con un harem de felinas es el mismo al que en ocasiones se tiene que quitar de encima con un grito, y que pese a ello en cuestión de minutos regresa a su lado para dar y pedir cariño, o bien para exigir algo de comer.

A Arturo se le hace tarde y tiene que salir rumbo al trabajo, por tanto decide dejar de contemplar al felino no sin antes acariciarlo y desearle un buen día, al tiempo que piensa que sin duda, "eso es vida".

Tuesday, December 8, 2015

Recuerdos

Una vez más, Julio despertó melancólico.

Despertó en un estado igual al que en la noche anterior se había metido a la cama. Sus pensamientos, como se había hecho costumbre, iban dirigidos hacia ella aunque en los días recientes se habían intensificado.

Quizá la ausencia o el saber poco de Ana durante las últimas semanas habían ayudado para que hubiera un dejo de vacío en él y para extrañar su cada vez más lejana presencia.

Tal vez el clima y los días nublados de la ciudad ayudaban a agrandar esa sensación que tenía de que le faltaba algo. Y es que Julio siempre sufrió de más con esos días sin sol que tanto le gustaban pero que solían ponerle sentimental.

Trataba de aparentar estar bien, contento, y trataba de distraerse con sus habituales pasatiempos también, no obstante, en la oscura soledad de su habitación era imposible que no pusiera su mente a trabajar alimentándose de recuerdos.

En ocasiones, una sonrisa aparecía en su boca al recordar, pero por lo regular sus ojos se tornaban vidriosos producto de las lágrimas que aparecían. Julio sabía que había poco por hacer y creía haber intentado todo para recuperarla sin tener éxito. No le dolía el fallar, sino el que ello significara seguir estando lejos de ella.

Julio había estado recordando muchos de los momentos que vivió a lado de Ana. En esas interminables horas del recuerdo, vivió una vez más el día que se conocieron y aquel en el que formalizaron su relación sentados en un parque.

Poco a poco, él iba recreando cada instante, cada momento; Los paseos, las horas de charla, las sonrisas, los abrazos, los besos; el caminar tomados de la mano e incluso aquellos momentos difíciles que se presentaron, y que aunque no le gustaba recordar, los consideraba también importantes por la enseñanza que pudieron dejar en ambos y porque para bien o para mal fueron parte de su historia.

Incluso visualizó una vez más el momento en que se dijeron adiós y el beso que se dieron a manera de despedida mientras un taxi lo esperaba afuera para llevarlo lejos de la vida de Ana.

Ese día, Julio sabía que sería difícil que hubiera marcha atrás y los constantes fallos en su intento por recuperarla le continuaban diciendo lo mismo pasado el tiempo. La esperanza de estar una vez más frente a ella poco a poco había ido muriendo y estaba consciente de que lo único que le quedaba por hacer era esperar un milagro mientras continuaba alimentando de recuerdos a su alma.

Ante esto, Julio cerró los ojos y se transportó a aquel parque donde comenzó la historia y donde meses después de ello, él se arrodilló frente a ella una tarde de domingo... si, en ese instante todo era mejor.

Thursday, November 26, 2015

El comienzo de una historia

La tarde había sido en términos generales buena para José, sin embargo él deseaba que en las horas siguientes su día resultara aún mejor. Por ello, sin saber exactamente que palabras iba a utilizar, estaba consciente de lo que quería decir, y desde luego, convencido de lo que quería hacer. Por esa razón optó por intentar alejar del lugar a aquel nerviosismo que recorría su mente y que durante la noche previa se había adueñado de él.

Decidido a dar ese paso que tanto había esperado en semanas recientes, José aprovechó la primera ocasión que se le presentó para detenerse frente a Tania, arrodillarse ante ella y tomarla de la mano para pronunciar unas palabras que si bien salían de su boca, eran dichas con su corazón.

Armándose de valor y tratando de hacer desaparecer a la ansiedad y el nerviosismo, José formuló un voz alta la pregunta que tanto había ensayado y que tanto deseaba hacer. Para su suerte, una vez que pronunció las palabras que daban forma a esa cuestión, la respuesta fue la que él esperaba escuchar en voz de ella.

En el instante mismo en que conoció la respuesta a su pregunta y aún sin soltar de la mano a Tania, se puso de ante ella y se acercó poco a poco para que tras mucha espera de su parte, sus bocas por fin se encontraran, no sin antes haber pasado su otra mano por una de las mejillas de Tania y haberla puesto alrededor de su cuello mientras la miraba directamente a los ojos.

Unos instantes después sus manos se soltaron, pero fue únicamente para que la de José se posara sobre la cintura de esa mujer que se había apoderado de sus pensamientos y de su completa atención desde hacia tiempo atrás.

Él no la soltó y alcanzó a decir unas palabras antes de que sus bocas volvieran a juntarse, esas palabras hicieron sonreír a Tania y significaron por completo el adiós del aquel nervio que no se había retirado hasta ese momento. Ambos sonrieron juntos y sin dejar de mirarse comenzaron su historia esa tarde, en el mismo lugar en el que meses antes se habían visto por primera vez.

Monday, November 16, 2015

Pequeño Rey

Había una vez, en un frío bosque del norte, un gnomo siberiano, que vivía en una cueva muy cerca de la aldea de Tam. Contrario a otros gnomos, él se dejaba ver por la gente del lugar, misma que al ignorar qué era él, lo veneraba pensando que pese a su corta estatura era un ser superior, a grado tal que muchos lo veneraban creyendo que se trataba de un dios.

Esta situación era bien aprovechada por nuestro gnomo siberiano, que entre otros gnomos de su especie era conocido como Lik, y que conservaba muchas de las características que todo gnomo siberiano que se digne de serlo, debe tener.

Además de ser pequeño, Lik era malhumorado y de facciones toscas, lo que al principio causaba temor entre los habitantes de Tam y otras aldeas cercanas por las cuáles él se dejaba ver. Pese a su mal carácter era muy inmaduro en comparación con otros gnomos siberianos y constantemente tenía desplantes con ellos, que poco a poco lo fueron separando de los demás.

Al sentirse sólo Lik comenzó a tener mayor trato con los aldeanos y se valía de los falsos dotes proféticos que algunos creían que poseía para ocultar el hartazgo que le generaba el saberse el ser de menor estatura en todo el reino.

Constantemente, Lik aparecía ante los aldeanos y despigmentados adoradores, prometiendo conocer lo que sucedería en el futuro, pero exigiendo muestras de lealtad y cariño hacia él para revelar los misteriosos secretos que cuidaba celosamente junto a sus tesoros.

Un día, reunió a los aldeanos de Tam para pedirles ofrenda a fin de dar a conocer los más oscuros secretos de la aldea de casas rojas y blancas en la que tanto añoraba vivir pero en la que aún nadie sabía de su existencia.

Dichos secretos que decía tener no existían o bien, eran desconocidos por el mismo. No obstante, en cada aparición ante los habitantes de Tam y algunas aldeas cercanas, él se relamía entre los conocimientos que su afán de protagonismo le hacía asegurar poseía.

La gran personalidad que Lik pensaba tener era tan pequeña como su estatura, y sus conocimientos eran tan falsos como los secretos que juraba tener. Sin embargo, ninguna de estas cuestiones lo detuvo en sus planes de convertirse en un ser querido y temido a la vez en todo el reino.

Todo era felicidad en el pequeño mundo de Lik hasta que una joven aldeana puso en tela de juicio los conocimientos que el gnomo siberiano, elevado por algunos hasta la divinidad, decía tener sobre los secretos de la aldea de casas rojas y blancas. Ante esto, el gnomo temió que se revelara la verdad y que tanto sus despigmentados adoradores, sus pequeños amigos, y los demás aldeanos comenzaran a dudar de sus conocimientos.

Por tanto, presa de la desesperación y haciendo uso de su influencia sobre algunos aldeanos provocó una revolución con el único fin de distraer la atención de los cuestionamientos que había en torno a él y los secretos que guardaba.

Valiéndose de un inexplicable liderazgo convocó a sus legiones de seguidores a combatir a quienes dudaban de él. Nadie se salvó de su furia y en su pequeño mundo de ciegos, él continuaba siendo el rey.

Atacó a aldeanos vecinos, a escépticos y a vegetales por igual, solamente para mantenerse como el protagonista del pequeño mundo perfecto en el que habitaba. Sus planes para conquistar el corazón de los aldeanos rindieron fruto y él había conseguido tener el respeto que tanto había deseado y con el que tanto había soñado y se regocijaba de haberlo conseguido sin tener que revelar los secretos de la aldea de casas rojas y blancas.

No obstante, el sueño de Lik de diluyó una fría noche de invierno en la que una fuerte ráfaga de viento entró a su cueva, arrasando con su tranquilidad y despertándolo a la mitad de su placentero sueño.

Desesperado, Lik cerró los ojos y trató de concentrarse en recuperar el hilo de ese hermoso sueño que vivía y que comenzaba a sentir, se le escapaba de sus manos.

Las lágrimas comenzaron a rodar por el rostro de Lik cuando no consiguió volver a dormir, y malhumorado, como solía ser, tuvo que comenzar a despedirse de ese sueño en el que sus fieles seguidores y despigmentados adoradores lo defendían a cada y espada al tiempo que le veían a él como el rey, el pequeño rey del mundo.